Aliviar la depresión: técnicas de relajación

Además del tratamiento psicológico y los medicamentos especiales, las técnicas de relajación son útiles para superar un estado generalizado de tristeza y desánimo.

La depresión es un desorden emocional que afecta a un porcentaje importante de la población, especialmente en épocas de crisis y dificultades económicas. No obstante, utilizando técnicas de relajación, tanto respiratorias como musculares y de visualización, sencillas de aprender y poner en práctica, es posible combatirla con éxito.

Relajación de cuerpo y mente contra la depresión

En un sentido propio, relajarse implica conseguir el reposo, tanto físico como mental, de forma que los músculos no tengan actividad y la mente se libre de preocupaciones. Es un paso anterior en intensidad al sueño, en el sentido de que durante la relajación la persona no se duerme, sino que mantiene el control sobre sí mismo aunque puede producir iguales efectos.

 

 

Ahora bien, luego de esta explicación pareciera que la relajación fuese útil sólo si la persona sufre ansiedad y contraproducente para cuando ésta se encuentra deprimida, pues una situación de disminución de la actividad física y psíquica pudiera muchas veces aumentar la tristeza y la sensación de abandono.

 

 

Sin embargo, resulta todo lo contrario. La reacción química neuronal que se traduce en la depresión conlleva una disminución de los niveles de serotonina del cuerpo. La relajación equilibra esos niveles, si están muy altos los baja y viceversa. Por ello, si con la depresión alguien tiene los citados índices hormonales bajos, la relajación va a mejorar su estado.

Diferentes técnicas de relajación

Los ejercicios de respiración constituyen un mecanismo muy usado para alcanzar el nivel adecuado de reposo. Lo más recomendable es tumbarse boca arriba, con las piernas extendidas y un poco separadas, y los brazos a los lados, con las palmas hacia arriba. Después se coloca una mano encima del estómago y otra sobre el pecho.

 

 

A continuación basta con seguir el paso de la respiración, sin forzarla; aspirar el aire normalmente y tratar de imaginarse el camino que sigue hasta nuestros pulmones y luego como es expulsado. De seguidas, se debe tratar de contener lo inhalado durante un pequeño intervalo, sin demasiado esfuerzo, hasta exhalarlo con lentitud.

 

 

Otra de las técnicas de relajación recomendadas es la muscular; estando sentado o acostado, se puede empezar contrayendo los de las manos y los brazos con fuerza, manteniéndoles así durante varios segundos y luego distendiéndoles rápidamente. Se sigue con los de la cara, las piernas y el abdomen, por ejemplo, realizando varias series con cada grupo.