Ballet clásico: convertirse en bailarín profesional

Convertirse en un bailarín profesional requiere infinitas horas de esfuerzo físico, perfeccionar las posturas y ensayar los pasos en coordinación con la música y la expresión corporal.

El arduo camino de convertirse en un bailarín profesional de ballet clásico debe ser guiado por un maestro, que motive y sepa sacar lo mejor de la persona. Cuando se tiene vocación y se debuta siendo pequeño, el trabajo con el cuerpo y su desplazamiento en el espacio se va incrementando en ensayos progresivos. Se llega a una etapa y se sigue otra, en una constante realimentación y búsqueda de la superación personal.

Primeros pasos

En la danza clásica conviene empezar desde pequeño, aunque hubo quienes se iniciaron siendo adolescentes con resultados sorprendentes. El caso es que convertirse en un bailarín empieza en forma lenta, realizando sobre todo movimientos de coordinación motriz. Cuando se trabaja con niños se suelen utilizar juegos didácticos que estimulen la participación.

 

La música subraya la expresividad, si un bailarín se acostumbra a prestarle atención le ayudará a sobrellevar movimientos repetitivos, monótonos y extenuantes. Lo importante es sentirse en armonía con el cuerpo al intentar una y otra vez la ejecución de los movimientos correctos y posiciones básicas. Desde el inicio hay que ejercitarse en fortalecer los pies y desarrollar fuerza en brazos y piernas.

 

La técnica y la formación física que se adquieran deben cultivarse día a día, por lo que hay que asistir rigurosamente a clase y, en la medida que se avanza en las coreografías, incrementar las horas de ensayo. Cuando se es bailarín de espíritu la dedicación exclusiva no es una carga; no pesa abandonar cosas por falta de tiempo o no disfrutar salidas recreativas.

Fortalecimiento personal

Convertirse en un bailarín profesional es un trabajo individual y grupal. Se empieza por poner la atención en el propio cuerpo pero cuando se llega a integrar un ballet se depende del trabajo de todos para alcanzar una representación óptima. Para ello es necesario asistir a clase con puntualidad, por respeto a otros y para aprovechar la enseñanza íntegramente.

 

Se adquieren valores como la disciplina, la responsabilidad y el compromiso. Hay que ser muy organizados para asistir a las prácticas, acordarse de llevar lo necesario (ropas, zapatillas) y no ausentarse sin que realmente se justifique. El calzado es de vital importancia y debe comprarse en una tienda especializada, con el asesoramiento del profesor.

 

Convertirse en un bailarín profesional es una forma de vida, que entre otras cosas implica aprender a cuidar el cuerpo y prestar atención a la alimentación. Hay que tener en claro lo que se quiere y trabajar sin descanso para lograrlo, cultivando la armonía en sus mínimas expresiones. De las disciplinas artísticas quizás sea la que más compromete cuerpo y alma.