Cómo acceder a las ayudas de la Ley de Dependencia

La cuantía percibida por una ayuda de la Ley de Dependencia dependerá de que la persona se encuentre dentro de los parámetros contemplados por dicha ley y de su grado de invalidez.

La Ley de Dependencia que configura el Sistema de Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD), fue instaurada en España en el año 2006 y forma parte del Estado del Bienestar. Se entiende por "dependencia", el estado permanente de las personas que, por razones de edad, enfermedad o discapacidad sufren una pérdida de autonomía física, mental, intelectual o sensorial. Esto deriva en una imposibilidad para desempeñar sus actividades cotidianas y para tener su propia autonomía personal. 

Requisitos necesarios
Los requisitos necesarios para acceder a las ayudas de la Ley de Dependencia son básicamente dos. El primero de ellos es que la persona que solicita la ayuda (por sí mismo o a través de un representante legal) esté en situación de dependencia por razones de enfermedad o discapacidad y que precise de ayuda profesional cualificado para el correcto desempeño de sus actividades cotidianas.

El segundo requisito para acceder a las ayudas de la Ley de Dependencia es que el solicitante resida en territorio español al menos durante cinco años seguidos. De estos cinco años, como mínimo dos de ellos tienen que ser inmediatamente anteriores a la fecha de solicitud. En casos extraordinarios como los de menores de cinco años, la residencia se exigirá a los que tengan la guardia y custodia del menor.

Grados de Dependencia
En la Ley de Dependencia podemos encontrar tres grados bien diferenciados. El primer grado o "grado I", que se denomina "Dependencia moderada", se destina a personas con un nivel de dependencia tal que necesiten ayuda para realizar tareas básicas de la vida cotidiana al menos una vez al día. Éstas suelen precisar de ayuda de manera intermitente para su autonomía personal.

El segundo grado o "grado II", que se denomina "Dependencia severa", se asigna a personas que necesitan ayuda para la realización de tareas básicas de la vida diaria por lo menos dos o tres veces al día, pero no necesita la atención permanente de un profesional. Éstas suelen necesitar ayuda generalizada para el correcto funcionamiento de su autonomía personal.

Con respecto a el tercer grado o "grado III", que se denomina "Gran dependencia", se destina a personas que necesitan prácticamente ayuda para todas las tareas cotidianas dos o tres veces al día, es decir, que debido a su pérdida de autonomía personal, necesitan de un profesional cualificado de forma continuada.