Cómo blanquear la ropa blanca sin usar lejía

La lejía es muy útil para desinfectar y blanquear la ropa blanca, pero algunas prendas se pueden deteriorar con este producto un tanto agresivo.

Cuando pensamos en cómo blanquear la ropa blanca lo primero que se nos ocurre es la lejía. Pero si se trata de tejidos delicados, manteles antiguos o ropa de calidad tenemos cierto reparo en utilizar algo tan agresivo como es la lejía. Hay otros medios para blanquear, menos corrosivos y con resultados sorprendentemente buenos.

 

Métodos blanqueadores alternativos
La lejía puede volver amarillento el color blanco, desgastar los tejidos o estropear totalmente prendas a las que tenemos aprecio. Una vez más la solución más efectiva la encontramos en los productos de origen natural.
Para manteles y ropa antigua, se recomienda dejarlos en un barreño con leche unas cuantas horas y después se lavan normalmente. Si hay manchas de humedad desaparecerán añadiendo un poquito de amoníaco durante el lavado.

En el caso de los tejidos de lana, hay que lavarlos a mano y con agua fría, detergente para prendas delicadas y medio vasito de agua oxigenada. Para camisas blancas también podemos utilizar agua oxigenada, esta vez en un preparado de dos partes de agua oxigenada por  una de agua normal. Se sumergen  unos 5 minutos en la solución y luego se enjuagan con agua fría.

Otras opciones para blanquear la ropa blanca sin recurrir a la lejía son utilizar agua caliente con perborato o jugo de limón con un poco de sal. O el remedio más efectivo: frotar la ropa con jabón natural o de barra y dejar secarla al sol, para finalmente darle otro lavado de la forma a la que estamos acostumbrados.

Prevenir que la ropa conserve el blanco natural
Ya sabemos cómo blanquear la ropa blanca, pero siempre es mejor evitar de antemano que nuestras prendas pierdan ese tono. Ante todo es importantísimo no lavarla con ropa de color, por mucho que el detergente asegure que se puede. 

Si vamos a guardar nuestras prendas blancas durante un tiempo, no debemos utilizar fundas de plástico, podemos sustituirlas por sabanas, por ejemplo. Y en el caso de los manteles, lo mejor es guardarlos sin planchar para evitar que amarillenten. Además, para quien la disposición de su casa se lo permita, es bueno dejar secar la ropa al sol, incluso antes de lavarla si podemos, esto va a ayudar a conservar el blanco.