Cómo educar a un perro adulto

No importa cuáles sean sus antecedentes, educar a un perro adulto se puede lograr si se hace con objetivos fijos, constancia y mucho amor.

Muchos dueños tienen la tendencia de pensar que el mundo animal se rige por la misma norma que el de los humanos: a más edad, más difícil resulta cambiar. Afortunadamente, en el caso de los perros no es así, por lo que, a continuación, analizaremos cómo podemos corregir esa mentalidad, para conseguir educar a un perro adulto con éxito.

Nosotros somos el macho alpha

  • Por naturaleza los perros se asocian en manada. Viviendo entre humanos los habitantes del hogar pasan a ser dicha manada, y si no hemos reclamado el liderazgo, el perro, por instinto, lo hará.

 

  • Evitemos tratarlo como un bebé humano, pues no lo es. Se merece nuestro afecto, pero este solo ha de llegar cuando siga las órdenes del líder de la manda, sus dueños. Esto sirve tanto para educar a un perro adulto como joven. 

 

  • No hay que ser bruscos, gritar ni pegar, solo ser firmes, y transmitir esa firmeza tanto al hablar como con nuestra posición corporal.

 

Démosle lo que necesita

  • Ahora que hemos decidido ser los líderes, tenemos que demostrarlo. Hay formas muy sencillas que le enseñarán a nuestro perro quién manda, como, por ejemplo, hacer respetar nuestro espacio.

 

  • Que nuestro animal salte descontroladamente sobre nosotros, nervioso y lamiéndonos no es una muestra de afecto, sino de falta de respeto. Si tiene este tipo de costumbre solo tenemos que reclamar nuestro espacio. 

 

  • Permanezcamos erguidos, firmes, desplazando con la mano al perro cada vez que este quiera saltar sobre nosotros e avancemos hacia él, intentando acorralarlo en una esquina. Nuestro perro entenderá el mensaje.

 

  • Igual de importante es que cualquier objeto que se encuentre en el hogar pertenezca al líder. En esto también podemos educar a un perro adulto, acostumbrándolo a que no reclame a la fuerza lo que encuentre en casa.

 

  • Este problema solemos encontrarlo con la comida. Seamos pacientes y, antes de dársela, esperemos a que se calme. Una vez lo haga bajaremos el bol, pero si demuestra intención de ir a por él, lo retiraremos. Podrá comer de él, no solo cuando coloquemos el bol en el suelo, sino cuando le digamos que puede. Conseguiremos el mismo efecto estando el bol en el suelo y nosotros situados entre él y el perro, impidiendo que se acerque.

 

  • Por lo tanto, conviene recordar que, primero con firmeza y después con recompensa, educar a un perro adulto será cosa de niños.