Cómo elaborar un texto argumentativo

Los pensamientos pueden encadenarse unos a otros y formar la trama de un texto argumentativo que intente convencer sobre la verdad de las cosas y refutar aquello en lo que no se está de acuerdo.

Si vamos a desarrollar un enunciado con el propósito de convencer, tenemos que construir paso a paso un texto argumentativo y analizarlo del modo más exhaustivo posible. Definido el tema principal, comenzaremos a trabajar en sus alrededores aduciendo razones de peso y otras colaterales, recurriendo a definiciones, ejemplos, contrastes y relaciones, hasta desembocar en la conclusión.

Principio de las cosas

Elaborar fuentes de pensamientos en base al tema propuesto suscitará ideas complementarias y dará cuerpo al texto argumentativo. Primero tenemos que reunir la bibliografía que nos interese sobre el tema, leerla y tomar nota de lo que pueda servirnos en base a un esquema de trabajo previo.

 

Una vez que hayamos hecho una descripción del tema que abordaremos, podemos investigar antecedentes históricos, causas políticas, económicas o del tipo que fueren, efectos que se produjeron, dar ejemplos aleccionadores, también recopilar opiniones de autores importantes puede ayudarnos a justificar el discurso.

 

En el proceso de lectura apuntaremos aquello que nos parezca de interés para la fundamentación, en todo caso si nos damos cuenta que estamos en posesión de demostraciones en sobreabundancia vamos a tener que hacer una selección y ordenarlas antes de comenzar a redactar.

Escrito y oral

Elaboremos una primera versión de nuestro texto argumentativo por escrito, dejemos que repose al menos un día y releamos a conciencia cada párrafo. No conviene presentar fisuras por donde puedan colarse razones ciertas que hagan tambalear algún punto de la disertación.

 

Tal vez tengamos que afrontar una exposición oral de nuestro escrito y necesitemos internalizar el lenguaje y explorar los recursos oratorios para captar al auditorio con un mensaje persuasivo, sintiéndonos preparados para sostener el discurso en forma clara y convincente.

 

La conclusión a la que arribemos en nuestro texto argumentativo debe tener la suficiente potencia como para generar interés en los receptores e invitarlos a pensar. Quizás tomar en préstamo una frase o máxima esgrimida por un literato conocido ayude a clausurar con énfasis nuestro alegato.