Cómo elegir a un heredero si no se tiene descendencia

La forma adecuada de elegir un heredero si se carece de hijos o nietos y si se desea cambiar el orden establecido en la ley, es a través de un testamento.

Quienes no tienen hijos o nietos pueden tener la preocupación de no saber cómo elegir a un heredero a quien dejar sus bienes después del fallecimiento. La ley resuelve ese problema señalando qué parientes heredan en este caso, así como los mecanismos que aquí se explican para que el causante escoja en forma alternativa.

Herederos legales

De acuerdo con el Código Civil, los descendientes no son los únicos herederos de una persona, aunque sí los principales. Así, si alguien fallece sin dejar hijos o nietos, heredan automáticamente los padres o los ascendientes de estos, y si además estaba casado, el cónyuge tiene derecho al usufructo de la mitad de los bienes.

 

De no haber descendientes ni ascendientes, al cónyuge le corresponde el cien por ciento del patrimonio hereditario. A falta de este heredan, de acuerdo con una serie de reglas excluyentes, los parientes consanguíneos colaterales del difunto, hasta el cuarto grado, es decir, hasta el caso de primos hermanos o sobrino nietos.

 

De no haberlos, y si el causante no ha procedido a elegir a un heredero, los bienes van al Estado aunque haya parientes lejanos. Tampoco heredan los parientes por afinidad, esto es, los familiares consanguíneos del cónyuge.

Testamento

Si no se tiene descendencia, se puede elegir a un heredero diferente a los señalados en el Código Civil, respetando el derecho a la legítima de los ascendientes y del cónyuge, esto es, la parte de la herencia que les corresponde por derecho y que no se puede desheredar; entre un tercio y la mitad del patrimonio hereditario, dependiendo de ciertas circunstancias.

 

En este caso, la forma de elegir a un heredero es a través de un testamento, que es precisamente el acto específico mediante el cual una persona dispone de sus bienes para después de la muerte. Hay varios tipos de testamentos para elegir a un heredero, aunque vale la pena referirse a los dos más utilizados.

 

Por un lado, el ológrafo, redactado de puño y letra por el causante, señalando el día, mes y año en que lo suscribe. El problema en este caso es que la falta de un requisito lo hace nulo, y si se pierde o destruye, no queda copia que pueda utilizarse.

 

El más utilizado para elegir a un heredero es el testamento abierto notarial. Tiene la ventaja de que el testador recibe asesoría del notario, lo que garantiza que va a cumplir con los requisitos legales, quedando una copia en los archivos de la notaría.