Cómo enfrentarse a la premenopausia

La premenopausia es el espacio de tiempo, un año, antes de la aparición de la menopausia, y es cuando comienzan a aparecer los primeros síntomas hormonales que anuncian su llegada.

En la premenopausia el cuerpo de la mujer comienza a padecer cambios biológicos que poco más tarde se acentuarán ya en la fase de la menopausia, ya que los órganos reproductores se vuelven cada vez más lentos. Esta suele aparecer alrededor de los cuarenta y cinco años y tiene una duración de entre dos y siete años.

Síntomas

Hay una relación de síntomas por los cuales la mujer puede pensar que está en la fase de la premenopausia. Comenzar a tener una menstruación irregular, dolor en las mamas, sofocos, dolores de cabeza, angustia o tristeza además de un aumento del lívido. Es como el síndrome premenstrual, pero acompañado de sofocos.

Qué ocurre durante la premenopausia

Existe una variación considerable en la producción de progesterona y estrógenos, lo cual inicia una serie de anomalías a la hora de menstruar. Cada vez la mujer ovula menos, ya que sus ovarios no los producen y el aspecto del flujo menstrual comienza a cambiar.

 

Para aliviar estos síntomas se debe practicar ejercicio de forma regular y tener cuidado con la alimentación tomando más frutas y verduras. La ingesta de vitamina B previene el cansancio y la tristeza además de un complemento con potasio que compensa la falta de estrógenos con una hormona similar.

Premenopausia y embarazo

En este intervalo que va desde la premenopausia hasta la menopausia, la mujer debe tener especial cuidado a la hora de mantener relaciones. El cuerpo sigue segregando hormonas y aunque ovula con menos frecuencia, aún lo hace. Hasta que la mujer tenga un diagnóstico definitivo de que la menopausia ha llegado, debe ser precavida.

Comienza la menopausia

Con la ausencia de la secreción hormonal, el flujo menstrual comienza a desaparecer, pero hasta que la mujer no pase 12 meses sin ausencia total de menstruación, no se puede asegurar que la menopausia ha comenzado. A todo esto se le suma la frecuencia de los sofocos, sudoración nocturna o problemas para conciliar el sueño.