Cómo hacer un masaje relajante en la espalda

Para saber cómo hacer un masaje en la espalda es importante tener en cuenta la sensibilidad del usuario y la correcta elección de la crema a utilizar.

A veces alguna persona de nuestro entorno sufre de dolores de espalda por acumular tensión y estrés y no se permite el lujo de ir a un masajista por el precio o por no tener ninguna dolencia o lesión específica. Para este tipo de casos es ideal poseer algunas nociones básicas sobre cómo hacer un masaje en la espalda, ya que es sencillo y proporciona un gran alivio al que lo recibe.

Cómo hacer un masaje en la espalda con los materiales correctos
Dos de los detalles más importantes para saber cómo hacer un masaje en la espalda son la correcta colocación del usuario y el tipo de crema utilizada. Siempre que se tenga la posibilidad, el usuario debe estar tumbado horizontal en una cama o camilla a la altura de la cadera de la persona que ejecuta el masaje.

 

En el caso de no tener camilla se pueden utilizar sillas, aunque esta manera es un poco más incómoda. Para que tanto el usuario como el masajista estén cómodos, se puede sentar el primero en una silla baja y sin respaldo y el segundo en una silla más alta detrás de él. También se puede usar una toalla o esterilla y tumbar al usuario en el suelo, teniendo especial cuidado a la hora de realizar los pases que requieran más presión.

 

En cuanto a la elección de la crema, hay dos criterios sencillos. Si se trata de una superficie sin depilar, generalmente en el caso de hombres, se debe usar aceite muy graso y lubricado, para que deslice y no se enrede en los pelos o cause tirones. En el caso de una espalda depilada se puede usar aceite o una crema más densa y con propiedades específicas para el tipo de dolor presentado.

Cómo hacer un masaje en la espalda, pasos básicos
En primer lugar, para saber cómo hacer un masaje en la espalda es importante comenzar distribuyendo aceite en las manos, calentándolo y esparciéndolo después a lo largo de la espalda del usuario de forma suave y pausada, para que las manos tengan un primer contacto con la piel.

 

A continuación se empezará deslizando las manos por la zona alta de los glúteos, una a cada lado de la columna vertebral, hasta alcanzar el cuello para masajearlo, pasando posteriormente a los hombros bajando por la zona más externa de los laterales de la espalda, siempre bordeando la columna vertebral y sin tocarla.

 

En cuanto a las formas de deslizar las manos, se puede utilizar toda la palma a lo largo, los pulgares haciendo círculos, las yemas de los dedos o los nudillos. Solo hay un criterio sobre la fuerza que aplicar, y es que cada usuario tiene un gusto personal y una sensibilidad propia, por lo que se le debe preguntar en lugar de tomar la decisión por uno mismo.