Cómo incentivar la imaginación de nuestros hijos

Nuestros hijos en edad escolar tienen que jugar mucho, divertirse y crear; para incentivar la imaginación, mientras el deber de los adultos es no limitar su espontaneidad.

Cuando decoramos el cuarto de nuestros hijos, además de pedirles colaboración, busquemos que cada objeto tienda a incentivar la imaginación: lámpara, colcha, color de paredes y muebles. Disponer un lugar especial para libros es importante, a la vista y al alcance de sus manos para que les sea fácil acudir a ellos. Y darles tiempo para una actividad lúdica: bailar, cantar, teatralizar, preparar títeres.

El placer de leer

Nuestra casa debe ser un lugar propicio a la lectura para incentivar la imaginación, aunque no necesariamente pasemos horas en esa acción debemos motivarlos a saciar sus curiosidades yendo a buscar alguna narración a colación de algo que conversamos y colocar carteles o soportes con mensajes divertidos, que ellos mismos harán cuando escriban.

 

 

Leerles desde pequeños despertará su curiosidad. Cuando estamos contándoles una historia, tenemos que estar abiertos a interrupciones y a escuchar inquietudes. Quizás no terminemos el relato porque lo que leemos les despierta interés por otra historia, lo que es bueno para que relacionen y produzcan ideas a partir de un tema.

 

 

Con la lectura podemos improvisar situaciones, que les generemos o nos propongan. Por ejemplo, sugerirles que cuenten la historia del libro a partir de personas que conozcan de su familia, amigos o maestros. Que ellos mismos asignen un rol a cada uno y los hagan interactuar en un escenario ficticio, con detalles del lugar, ropas, frases pronunciadas.

 

 

Paseos experimentales

Las salidas para incentivar la imaginación deben estar a la orden del día. Debemos descubrir intereses de nuestros hijos, por ejemplo, si tienen inclinaciones musicales averiguar espectáculos para asistir. También detenernos a escuchar músicos callejeros o en el metro, y en el camino a casa preguntarles sus impresiones e instrumentos que prefieren.

 

 

No debemos cohibirles cuando bailan, cantan o actúan. Lo importante es que se manifiesten y no que adquieran rigideces o dogmas que muchas veces mostramos los adultos con el cuerpo o la palabra. Compartir momentos de ocio con ellos, pero también enseñarles a crearse entretenimientos para no escuchar el frecuente “estoy aburrido, ¿qué hago?”.

 

 

Si tenemos la posibilidad de salir de vacaciones en familia, aprovechemos para incentivar la imaginación ampliando su mundo conocido e interesándolos por otras culturas. Podemos conocer costumbres diferentes a las nuestras, saborear comidas típicas, hablar con otras personas, sin emitirles juicios de valor sino disfrutando juntos de la diversidad.