Cómo lidiar con la rabieta de un hijo

La paciencia, la diplomacia y saber negociar serán los principales aliados a la hora de lidiar con la rabieta de un hijo de manera pedagógica.

Cuando los niños empiezan a exigir lo que quieren de manera inadecuada, los padres se ven en la tarea de poner su astucia y paciencia para aprender a lidiar con la rabieta de sus hijos. Afortunadamente, con un poco de tacto y, sobre todo, con mucha paciencia, se puede llegar a un acuerdo que permita que la tranquilidad vuelva a reinar en el hogar.

Llantos, berrinches y pataletas

Es inevitable que todo niño quiera, o mejor dicho necesite, conocer sus límites. Por lo tanto, ante el más pequeño asomo de disconformidad, tarde o temprano los padres verán a su hijo comportarse de la manera más alocada y desesperante, teniendo que lidiar con la rabieta de su retoño implementando trucos para que regrese lo menos posible.

 

Cuando esto sucede, lo mejor es mantener la calma y preguntarle al pequeño cuál es el motivo de su frustración y qué es lo que necesita. Hay que ayudarlo a expresarse e incluso, si es muy chiquito para hablar bien, sugerirle motivos. Una vez que se entienda la causa, en vez de enfocarse a lidiar con la rabieta, debe enfocarse a calmarlo y encontrar una solución. Puede ser que el niño llore por hambre o por sueño, porque está cansado o porque le duele algo.

 

Sin embargo, cuando el berrinche es descontrolado, lo mejor es apartar un rato al niño intentando calmarlo, ya sea con humor o provocándole distracción sobre otras cosas. Otra forma práctica es dándole a escoger otra opción, así siente que no pierde el completo control y dejar la puerta abierta para una negociación.

Escuchar al niño y hablarle

Si el hecho de lidiar con la rabieta de los niños se vuelve algo cotidiano que se aplica en todas las rutinas como lavarse los dientes, bañarse o comer, es un signo claro de que está desarrollando la personalidad y hasta es algo positivo para los padres, por más que ponga los nervios de punta. Así que antes de sofocar, es importante escucharlo y tener en cuenta los motivos del espectáculo, y valorar la importancia real. No es lo mismo un estallido por un dulce que por una molestia en particular.

 

Una vez que el padre escuche a su hijo con respeto y calma, es importante hablarle y explicarle las razones válidas por las cuales no se puede darle lo que desea. Si, por ejemplo, se trata de dulces explicarle que le hacen mal a los dientes y a la barriga, si se trata de seguir viendo la televisión, contarle que tiene que hacer más deporte. Cuando se habla y trata a un niño con respeto, los resultados son más eficientes y positivos.