Cómo prevenir la violencia deportiva: manual para conciliadores

Las actividades en grupo pueden ser una fuente saludable de bienestar y socialización si se sabe prevenir la violencia deportiva fuera y dentro del terreno de juego.

El deporte como una actividad lúdica y cooperativa surge en la antigua Grecia. Desde entonces el principio de juego limpio o fair play ha estado ligado a todas las instituciones deportivas sin excepción. Sin embargo, parece que no todas las personas saben controlar los brotes de agresividad por lo que es necesario prevenir la violencia deportiva mediante medidas educativas e integradoras.

Educación contra el racismo, el sexismo y la xenofobia

Cualquier persona que haya acudido a un evento deportivo habrá observado con incredulidad e indignación como algunos colectivos insultan a algunos jugadores por pertenecer a una etnia diferente de la caucásica. Esto puede producir un gran impacto en los jóvenes por lo que es necesario proceder mediante actividades en las que se integre a estos colectivos para prevenir la violencia deportiva.

 

Los jóvenes aprenden de lo que observan y, teniendo en cuenta que la inclusión de la mujer en las disciplinas deportivas aún no es mayoritaria, proceder potenciando los grupos deportivos mixtos así como prevenir las agresiones verbales por cuestión de sexo debe ser la prioridad de cualquier educador deportivo.

 

Del mismo modo se deben buscar métodos de diálogo y dejar las reglas del juego bien claras para que los menores no confundan diferencia de culturas con enemistades insalvables. En el campo, en el patio, en el polígono deportivo todos los jugadores han de disponer de las mismas oportunidades para que no existan razones por las que un grupo piense en agredir a otro.

Juego limpio, medidas sancionadoras y competitividad a raya

Lo ideal es comenzar por una educación de base y transversal ya que si una persona no tiene conciencia de que el resto de seres humanos son iguales en cuanto a derechos y deberes se refiere, es imposible que sea capaz de observarlas en el terreno deportivo como tales. Asimismo, la labor de los profesionales de la educación debe enfocarse hacia políticas de integración y respeto mutuo.

 

En el caso de que prevenir la violencia deportiva no haya resultado mediante medidas más educativas, la última opción es recurrir al régimen disciplinario correspondiente ya que, en muchos casos, los actos de agresividad son repetidos y enfocados hacia uno o varios individuos por lo que estos deben ser frenados para poder salvaguardar las libertades del resto de jugadores.

 

Anque hay personas que parecen más dadas a infligir daño, lo cierto es que para prevenir la violencia deportiva, el principal trabajo lo tienen padres y educadores ya que, sin ser conscientes de ello, pueden estar transmitiendo a sus hijos ideas demasiado competitivas y una presión añadida por ganar en vez de por el hecho de disfrutar del deporte.