Cómo redactar un contrato de alquiler de una vivienda

Claridad, exactitud y dejar claro todos los puntos del contrato son las claves para realizar un buen contrato de alquiler tanto para arrendador como arrendado.

En los últimos tiempos, la demanda de viviendas de alquiler es superior a la de venta, por lo que muchos propietarios de casas y pisos prefieren arrendar sus propiedades para sacar un mayor beneficio económico. Para realizar una buena operación, tanto para casero como para alquilado, es indispensable redactar de forma correcta el contrato de alquiler.

Introducción

Lo primero que se debe dejar claro en un contrato de alquiler es el nombre tanto de arrendador como de arrendado y todos sus datos personales, incluidos sus DNI. Además, la ubicación del domicilio también debe aparecer en la introducción. Posteriormente, se debe especificar el tiempo en el que tendrá validez el documento y el dinero a pagar por parte del alquilado.

Las clausulas más importantes

A continuación de la introducción es indispensable que haya un apartado en el contrato de alquiler donde se especifiquen una serie de cláusulas que deben cumplir tanto casero como arrendatario.

 

Es imprescindible dejar claros cuáles van a ser los periodos en los que el inquilino tendrá que pagar el alquiler. Además, muchos propietarios introducen una clausula en la que solicitan una fianza previa con el fin de garantizarse que cualquier desperfecto en el piso sea pagado por el alquilado.

 

Por otro lado, es fundamental que aparezca una estipulación en la que se indique a cuenta de quién corren los gastos de agua, electricidad, comunidad de vecinos y gas. Asimismo, pueden existir otros servicios como teléfono, Internet o televisión por cable que también se deben incluir, indicando quien será el responsable del pago de los mismos.

Por último, se debe explicar si existe alguna posibilidad de prorrogar el contrato de alquiler o si el propietario permite subalquilar el inmueble al alquilado. En la parte final del contrato de alquiler debe figurar un inventario en el que se enumeren los distintos muebles y objetos de valor de la vivienda con el fin de evitar que cualquier robo por parte del arrendatario quede impune.