Cómo saber si nuestro hijo está empezando a consumir drogas

Los padres deben estar atentos a los cambios físicos y comportamentales del adolescente, que serán las señales inequívocas de si está empezando a consumir drogas.

Entre las preocupaciones actuales de los padres con hijos adolescentes se encuentra la de saber si el joven ha empezado a consumir drogas en una sociedad en la que resulta alarmante el incremento de abuso de sustancias perjudiciales para la salud en menores de 18 años. Entre las más conflictivas a estas edades se encuentran el alcohol, la anfetamina, el hachís o la cocaína.

Señales iniciales del abuso de drogas

Los primeros indicios de que el joven empieza a consumir drogas pueden presenciarse diariamente en la decoración de la habitación en la que se han colocado posters con referencia a sustancias, pipas o tubos. Asimismo, se notará un cambio en el comportamiento que deberá alertar a los padres.

 

En muchos casos, el consumo de sustancias se da en un grupo diferente del habitual. Si el adolescente parece que deja de frecuentar las compañías habituales y empieza a salir con gente más mayor cuyas salidas nocturnas se alargan hasta altas horas de la madurgada, es muy probable que el menor esté tomando drogas.

Los síntomas físicos y psicológicos del consumo

Aunque las anteriores variables puedan relacionarse con consumir drogas, los síntomas inequívicos se dan a nivel físico y psicológico. Si se perciben las pupilas muy dilatadas, los ojos rojos, tocamientos constantes en la nariz, picores generalizados o un aumento excesivo en la actividad, puede estar relacionado con el abuso de varias sustancias.

 

Del mismo modo, los padres deberán estar atentos a determinados cambios psicológicos, tales como la agresividad, una impulsividad extrema o la mayor inclinación por correr riesgos unido al absentismo escolar, las malas notas y el abandono de actividades deportivas o lúdicas por las que, anteriormente, sentía interés.

El entorno del menor y su pasado socioeducativo

Actualmente se estudia la repercusión de un pasado traumático en el ámbito estudiantil respecto a un futuro abuso de drogas en la edad adolescente, ya que se ha descubierto que una deficiente integración escolar en edades inferiores es una de las causas por las que muchos jóvenes se inician en consumir drogas como modo de evasión de otros problemas.