Cómo se calcula el flujo de efectivo

Tomar en cuenta sólo los ingresos y gastos reales, apartándose de la técnica contable tradicional, constituye la clave para calcular el flujo de efectivo de una empresa.

Aunque en la técnica contable y por requisito legal los dos estados financieros básicos son el balance de situación y el estado de ganancias y pérdidas, también se suele emplear el llamado flujo de efectivo, pues constituye un reflejo de cuánto dinero entra y sale realmente de las cuentas. Por ello es fundamental conocer en qué consiste y cómo calcularlo.

Para qué sirve el flujo de efectivo

El flujo de efectivo permite a los administradores de una empresa una gestión efectiva de los pagos. En la contabilidad tradicional, cuando se emite una factura, esta se anota como un ingreso, aunque físicamente no haya sido pagada. Si el tesorero se basara sólo en este dato para realizar a su vez un pago a un proveedor, podría terminar emitiendo un cheque sin fondos, por ejemplo.

 

A su vez, aunque la amortización y depreciación de los activos se contabiliza como un gasto, no son erogaciones reales, sino que se incluyen para fines impositivos. En este caso, aunque los balances no reflejen una ganancia, el equivalente a dichas amortizaciones y depreciaciones puede estar físicamente en caja y ser utilizado para afrontar un pago determinado.

Calcular el flujo de efectivo

En este caso, se incluyen los ingresos reales, en la fecha en que de verdad se hicieron disponibles. Una factura emitida en el anterior ejercicio fiscal pero pagada en el actual, se incluye en este último. Igual trato debe recibir una devolución de impuestos de años anteriores, por ejemplo.

 

A su vez, sólo se toman en cuenta los pagos efectivamente realizados, no los adeudados, aunque estos deben tenerse en consideración para calcular las necesidades de dinero próximas, que es precisamente uno de los motivos para mantener un estado de flujo de efectivo.

 

Por otro lado, para determinar el flujo de efectivo se suman las cantidades correspondientes a la amortización y depreciación de activos de este ejercicio, pero se restan ciertos ingresos contables, como serían, por ejemplo, la revalorización de inmuebles, puesto que no generan efectivo en ese momento, sino eventualmente si se llegan a vender.