Cómo ser un buen director de teatro

Un director de teatro se empeña en alcanzar una puesta en escena perfecta y armónica, aunque con anterioridad debe desplegar cantidad de cualidades y capacidades que movilicen hacia el fin propuesto.

La escena teatral es un juego de transfiguraciones observado críticamente por el director de teatro, quien va formándose a través de años de oficio. Bajo su mando concentra múltiples actividades que supervisar, como son el montaje de la obra, el diseño del vestuario, la iluminación y el sonido. Si crea la atmósfera necesaria en la representación, esto se traducirá en la recepción favorable del público.

Uno para todos

Un director de teatro establece una verdadera sinergia con el personal que recibe sus indicaciones. Su tarea es de gran responsabilidad, por lo que necesita rodearse de colaboradores capaces de desempeñar sus funciones y debe tener autoridad para guiar y proponer cambios que realcen la puesta en escena.

 

Con las ideas claras de lo que requiere para alcanzar un producto final satisfactorio, sabrá transmitirlas con firmeza. Para ello debe investigar lo relacionado con el montaje y llegar a la esencia de los personajes. También es importante que contagie entusiasmo y optimismo por la dinámica conjunta.

 

Quien se pone al frente de un grupo escénico debe tener formación integral que le permita interpretar un texto y adaptarlo a las circunstancias. Dado que trabaja con el arte, poseerá sensibilidad especial para traducir un guión escrito en una representación teatral.

Ser un humanista

Si bien la supervisión del director de teatro recae sobre las actividades de todos los trabajadores, merece especial distinción su relación con los actores. Empezará por conocer formación, actuaciones y preferencias técnicas, para poder aprovechar en su puesta en escena la complejidad de saberes.

 

Con cada actor será necesario que indague en sus potenciales capacidades, ayudando a que las reproduzcan al máximo en el papel que interpretan. Seguramente descubrirá fortalezas y debilidades, lo interesante es que pueda estimularlos para que den lo mejor de sí mismos y se atrevan a más.

 

Un buen director de teatro es creativo, observa una y otra vez la escena y descubre matices, experimenta sentimientos y ayuda a amalgamar para que salga a la luz la obra. Con respeto aunque con firmeza, entreteje un espectáculo para disfrutar tanto del lado del público como del escenario.