Consejos para viajar en tren en América latina

Viajar en tren por Latinoamérica invita a vivir sus paisajes con intensidad y provoca la emoción de arribar a lugares donde la presencia de la naturaleza se impone por sobre todas las cosas.

En Latinoamérica la red ferroviaria no está estructurada para recorrer palmo a palmo el continente y arribar a los destinos sin demoras, aunque hay trazados viales que no han sido superados en impacto visual por otros medios de locomoción. De acuerdo al itinerario previsto conviene alternar con buses o aviones. Y con sentido del humor, disfrutar de viajar en tren.

Imperdibles

Si queremos contemplar las alturas de Machu Picchu en Perú, viajar en tren 120 kilómetros que separan Cusco de Aguas Calientes es placentero. Tiene servicio con espectáculos, refrigerio y guías, y se llega en unas tres horas, con tiempo para recorrer la ciudadela y regresar por la tarde. Se aprecian ruinas del Camino del Inca y pueblos originarios como Ollantaytambo.

 

El Tren de las Nubes en Salta (Argentina) tarda 15 horas de ida y vuelta, entre quebradas, puentes, túneles, con las nubes como colchón y sobrevolando cóndores majestuosos. Se cruzan pueblos cordilleranos y ruinas de culturas antiquísimas. Hay coches confortables, con médicos por si se sufre mal de las alturas (4.200 metros sobre el nivel del mar).

 

El Tren Trasandino en Ecuador une la ciudad de Guayaquil en la costa del Pacífico con la capital Quito, tras ascender de la planicie a la montaña desplazándose por momentos bordeando el abismo. En parte de su recorrido se invita a los pasajeros a probar viajar en el techo de los vagones, para apreciar la colosal obra ferroviaria adentrándose en la serranía.

Experiencias inolvidables

Entrar a Bolivia desde Brasil posibilita abordar el Tren de la Muerte. No es lo que su nombre indica, aunque tarda casi un día en recorrer 300 kilómetros, con vagones hacinados de gente, atravesando pantanos, tierras áridas y selva profunda. Destinado a lugareños, se detiene en poblados donde aguardan para ofrecer comidas típicas. Aquí viajar en tren resulta arduo.

 

En los extremos de la Argentina hay viajes breves pero maravillosos. En la ciudad más austral, Ushuaia, el Tren del Fin del Mundo transita 14 kilómetros de ida y vuelta internándose entre bosque y nieve. En el otro extremo, dentro de Cataratas del Parque Nacional Iguazú en Misiones, el Tren Ecológico de la Selva (a gas) facilita llegar a los circuitos y Garganta del Diablo.

 

En Latinoamérica se disfruta de lo silvestre. Viajar en tren por algunas de sus geografías posibilita descubrir atracciones de la naturaleza con el trasfondo de situaciones sociales que nos dan una idea que las cosas no son fáciles. Podrá haber vagones y vías poco mantenidos, horarios caóticos, trayectos a paso de hombre, pero motiva la curiosidad de conocer.