Costillas a la parrilla para un día de barbacoa

No hay nada que más apetezca para disfrutar de un agradable día soleado que una barbacoa: costillas a la parrilla, bebidas refrescantes y buena compañía, conforman un plan perfecto.

Tiernas y jugosas o tal vez más hechas y crujientes, a gusto de cada quien, las costillas a la parrilla son las estrellas de una barbacoa. Aunque no todo se reduce al delicioso sabor de la brasa que le da el fuego a la carne, para que las costillas salgan perfectas, deben contar con una buena preparación previa.

Preparativos la noche anterior
Para que las costillas a la parrilla sean un éxito es fundamental, en primer lugar, comprar carne de buena calidad. No obstante, con algunos secretos de cocina podemos lograr resultados aún más satisfactorios. Por ejemplo, sumergiendo las costillas en una cacerola con leche y agua (aproximadamente un litro de cada una) durante la noche anterior a la barbacoa, lograremos una carne mucho más tierna.

En cambio, si lo que buscamos es un sabor bien intenso, podemos preparar una mezcla con una taza de aceite, cuatro dientes de ajo picados, unas ramillas de perejil también picadas y una cucharada sopera de sal. Colocamos (también durante la noche previa) las costillas en una fuente y por encima humedecemos con la mezcla. La carne absorberá esta combinación de sabores y al cocinarla quedará deliciosa.

Como todo lo bueno: a fuego lento
El fuego juega un papel primordial en el día de barbacoa, es por eso que hay que cuidarlo de igual modo que al resto de los componentes. Es ideal iniciar el fuego con bastante antelación y colocar las costillas a la parrilla sólo cuando se hayan logrado las brasas --en el caso de utilizar fuego a carbón, si por el contrario, el fuego es de gas, éste se puede regular de manera bien sencilla a través de una perilla. De esta manera, la carne se cocina paulatinamente y de manera uniforme. Si colocamos las costillas a la parrilla con un fuego fuerte, sólo haremos que se quemen por fuera y que queden partes crudas dentro.