Disolver una Sociedad Anónima: principales inconvenientes

La inexistencia de una causa legal o la inconformidad de uno o varios accionistas en la toma de tal decisión, pueden ser los principales inconvenientes para disolver una sociedad anónima.

Es posible que la mayoría de los dueños de una empresa deseen cerrarla anticipadamente, lo cual puede tener inconvenientes. Por ello es importante tener muy claro el régimen aplicable a la hora de disolver una sociedad anónima, para no encontrarse con sorpresas desagradables al momento de su liquidación.

Desacuerdo de los accionistas de la compañía

Una de las causas normales de disolución de una sociedad es el acuerdo de los socios adoptado en una asamblea general convocada para tal efecto. Normalmente, los estatutos establecen un cierto quórum mínimo necesario para ello, por lo que igualmente es frecuente que algunos miembros no estén de acuerdo con la disolución y puedan bloquearla.

 

 

En tal caso, tendría que ser un juez quien acuerde la disolución, si encuentra argumentos de peso para ello, no bastando simplemente el deseo de algunos socios de retirarse. Debe argumentarse, por ejemplo, que las divergencias entre los administradores o los accionistas son tan graves que resulta imposible manejar la empresa apropiadamente.

 

 

Otra causa para disolver una sociedad anónima es que existan pérdidas graves, que deben ser al menos la mitad del capital social. Si hay oposición de alguno de los socios, la prueba de esto, si no es tan evidente, puede resultar costosa y engorrosa, pues implica someter los estados financieros a análisis independientes.

 

La disolución de la compañía y los terceros

Desde un punto de vista práctico, si existen contratos en plena ejecución, disolver una sociedad anónima puede traer inconvenientes. En efecto, hay qué negociar con la parte contraria en dichos contratos para darlos por extinguidos. De lo contrario, la liquidación efectiva de la empresa no podrá tener lugar hasta que tales convenios se cumplan.

 

 

Esto resulta más grave si existen deudas fiscales importantes, pues de no cancelarse, los accionistas pudiesen convertirse en deudores de la Administración de Hacienda, lo que rompe con el principio mismo de separación de patrimonios entre el accionista y la persona jurídica, dificultando en consecuencia disolver una sociedad anónima.