El mejor nombre de pirata

Crueles y sin escrúpulos, así eran los piratas que portaban nombres tan conocidos como el de Barbarroja o el Olonés. La repercusión de sus violentas acciones era suficiente como para que el mejor nombre pirata fuese, precisamente, el del pirata más sanguinario.

En contra de lo que comúnmente se piensa, la crueldad intrínseca de la piratería hizo innecesario que estos bandidos del mar precisasen apodos que recalcasen aún más la fama de sus fechorías. El mejor nombre de pirata no era el más sonoro o rebuscado, sino el que personalizaba acontecimientos crueles y despiadados que serían recordados durante décadas e incluso siglos.

Los más conocidos
Nombres como los de Francis Drake, John Hawkins, el Capitán Bartholomew Roberts y Henry Morgan eran ya lo suficientemente temidos por sus víctimas en las aguas del Atlántico y del Caribe. Otros piratas conocidos por sus sobrenombres lo fueron por su procedencia, como es el caso del Olonés, originario de la ciudad francesa de Les Sables D’Olonne; o por su aspecto físico en el caso de Edward Teach, alias "Barbanegra". Esos nombres eran ya de por sí el mejor nombre de pirata.

 

En el Mediterráneo reinaron Barbarroja (Kaihr-ad-Din) durante el siglo XVI y su lugarteniente Dragut (Turgut Reis). Sus hombres asolaron las costas de España, Italia y Malta y solo la unión temporal de España, el Papa y Venecia pudieron frenarles algo tras la Batalla de Lepanto.

Crueldad versus poesía
Todos ellos tuvieron en común su extrema crueldad y la falta de escrúpulos para actuar siempre en función de sus intereses pecuniarios y nunca por romanticismo, sed de venganza o patriotismo. Por eso, el mejor nombre pirata no llegó a ser tan relevante como el nivel de sus victorias y felonías.

 

Solo los escritores románticos o pseudofolletinescos y el cine de última hora han dotado a estos personajes de nombres y actuaciones que bordean el infantilismo. Corsarios Negro, Verde y Rojo, El Tigre de Mompracem – Sandokan – y Jack Sparrow son solo ensoñaciones poéticas más cercanas al pirata de José de Espronceda y a sus "cien cañones por banda" que a la realidad de estos hombres y mujeres. Anne Bonny y Grace O'Malley, por ejemplo, eran desadaptadas sociales que aprovechaban su pericia marinera y la amplitud de los océanos para enriquecerse a costa del tráfico de esclavos, mercancías y riquezas entre el Viejo y Nuevo Mundo.