Embarazo a los 15 años: cómo abordarlo

Un embarazo siempre supone un importante cambio en la vida de los padres, pero en el caso de una adolescente supondrá un giro radical en sus expectativas de futuro.

A pesar de la normalización de las medidas anticonceptivas y del aumento de información sobre sexualidad, la realidad es que un gran número de adolescentes tienen que pasar por un embarazo no deseado durante los que deberían ser años de formación y aprendizaje para la edad adulta.

Tomar una decisión

En primer término, la menor deberá recurrir a sus familiares. Debe tener presente que tienen más experiencia que ella y pueden asesorarla. En caso de que esta opción no resulte posible o válida, pedir información y apoyo psicológico en el centro de planificación familiar más cercano le dará las primeras pautas para afrontar un embarazo.

 

 

La decisión de tener o no el bebé es suya y la actual Ley del aborto regula las condiciones según las cuales es legal interrumpir el parto en caso de graves consecuencias psicológicas para la madre. Si, finalmente, se toma la decisión de tenerlo se recomienda acudir a los servicios sociales y solicitar información sobre ayudas para madres adolescentes y demás datos a efectos prácticos.

 

 

Continuar con el embarazo

Tomar conciencia de que se da un embarazo a la edad de quince años supone un shock de variable intensidad. Lo cierto es que la madurez y conocimientos vitales de una menor de edad no son suficientes para poder sacar adelante a un bebé. Por ello el apoyo de familiares, amigos y de la asistencia social formal son imprescindibles para el desarrollo de la madre y del futuro hijo.

 

 

La cuestión de la que más habrá que ocuparse hasta que el niño haya nacido será de la salud de la madre ya que en estas edades es muy común fumar, tomar alcohol y llevar hábitos de vida poco saludables. El embarazo determinará el cambio de rutina y supondrá la adquisición de la responsabilidad sobre la vida de otro ser humano.

 

 

Por otro lado, se deberá promover que la futura madre termine sus estudios secundarios y continue formándose con el fin de darle una mejor educación a su hijo. Además, las estadísticas indican que el índice de pobreza en madres adolescentes es sensiblemente superior que el de la media por lo que lograr la inclusión laboral es indispensable.