Escapada de fin de semana: cómo ver Marrakech en dos días

Situada en un oasis a los pies del Atlas, la ciudad de Marrakech ofrece a sus visitantes todo el esplendor de su medina y paisajes naturales de una belleza impactante.

Marrakech es una ciudad medieval, con una muralla de diecinueve kilómetros, que fue fundada por un rey del Sáhara en el siglo XI. Conocida como “la ciudad roja”, cuenta la leyenda, que tiene este color porque, cuando se construyó la mezquita Kutubia, la más importante de este lugar, se clavó su minarete tan fuerte a la tierra, que esta sangró tanto que llegó a inundar la ciudad, tiñéndola para siempre de este color bermejo.

Visitas imprescindibles dentro de la medina

La medina, la parte de la ciudad ubicada dentro de las murallas, se considera el corazón histórico de Marrakech, ya que esconde todos los vestigios, dignos de ser visitados, de las diferentes épocas que vivió la ciudad.

 

Uno de ellos y, el más representativo de Marrakech, es la mezquita Kutubia, del siglo XII, que debe su nombre a los libreros que vendían manuscritos en el atrio de dicho lugar, pues kutub significa libro. Su minarete, de más de setenta metros de altura, finaliza con cuatro esferas de bronce dorado, la última de las cuales dicen que fue hecha con las joyas de oro de una princesa que las ofrendó como penitencia por un pecado inconfesable.

 

Enfrente de esta mezquita, está la plaza Djemaa el Fna, centro neurálgico de la ciudad, en la que se agrupa todo tipo de gentes a todas horas del día, como malabaristas, encantadores de serpientes, vendedores o adivinos. Por la noche, son los puestos de comida los que ocupan este lugar.

 

Desde la plaza, se accede a los multitudinarios zocos, los cuales están agrupados por gremios y se extienden por diversas calles. Se puede ver el zoco de pieles, de comestibles, de alfombras e, incluso, de pociones mágicas. Otras visitas recomendadas son las tumbas saadíes, dos mausoleos que albergan los restos del sultán Ahmed el Mansur, el Palacio Badi y la Madraza Ben Youssef, una joya del arte islámico que fue una de las mayores escuelas coránicas del Magreb.

Otros atractivos fuera de la ciudad antigua

Fuera de la medina, se encuentra la Menara, un elegante pabellón del siglo XIX, construido en medio de un inmenso jardín y rodeado por un gran estanque, que se ha convertido en uno de los sitios más fotografiados de Marrakech y que fue en su día el lugar de encuentro para las citas amorosas de los sultanes.

 

Otros jardines que conviene visitar son los Jardines Majorelle, donde se encuentra la que fue residencia del famoso pintor francés Jacques Majorelle, hoy convertida en museo de arte islámico, en el que también se expone sus colecciones personales.