Imágenes ofensivas en televisión: ética y responsabilidad

Tras el mundo postmoderno que se levanta, también lo hacen algunos problemas éticos que buscan regular la excesiva exposición que hay en la televisión, donde las imágenes ofensivas abundan.

La televisión como cultura de masa da inicio a la propagación de un nuevo imaginario colectivo en torno a fotogramas que sustituyen la realidad, encontrándonos con un canal de información muy abierto y cambiante, donde las imágenes ofensivas son expuestas con absoluta libertad.

No hay solución, porque no existe ningún problema

Amparados bajo el derecho de libre expresión de una sociedad democrática, son muchos los medios televisivos que exigen cada vez una mayor libertad para exponer los contenidos que ellos estiman convenientes. Buscando una mayor audiencia generan altísimos programas que incluyen todo tipo de ofensas verbales, ironías y agresiones físicas entre los panelistas.

 

Que una sociedad tenga altos índices de violencia y maltratos intrafamiliares como la de Estados Unidos responde en gran parte al consumo televisivo que tiene la mayoría. Los contenidos son siempre condimentados con imágenes ofensivas, sin importar el horario de trasmisión, afectando directamente a los más pequeños y vulnerables a estos estímulos.

 

La real preocupación cuando empiezan a masificarse actitudes violentas entre compañeros de colegios y universidades tiene que ver con las responsabilidades que están teniendo los agentes socializadores como la familia, en la restricción y supervisión de imágenes ofensivas que estén viendo por televisión sus hijos.

Regularizar es una alternativa más

Estamos frente a un problema nuevo que compartimos con muchos países occidentalizados, donde la televisión se ha apoderado de una ética nueva, en el que las soluciones se buscan en lo inmediato y no en el largo plazo. Los ciudadanos deben estar conscientes de los cambios que pueden experimentar si se exponen continuamente a imágenes ofensivas.

 

La televisión es protagonista de la mayor pauta de conductas que siguen los individuos, por lo que buscar mediadores que velen por la integridad de los contenidos es fundamental. Acabar con las imágenes ofensivas es algo muy difícil por los intereses económicos que existen, pero formar a las personas responsablemente desde la niñez a identificar los riesgos no lo es.