Meigas: lugares de leyenda en A Coruña

Acercarse A Coruña puede ser una experiencia impactante siempre que se llegue con la mente tan abierta como para vivir toda la magia que esta tierra ofrece.

Uno de los mayores encantos de las tierras gallegas es el embrujo de éstas. Sus famosas leyendas que han pasado de generación en generación  pueden encontrarse por cada rincón de A Coruña, ya sea en la zona del mar o en la de las montañas, es indiferente, lo importante es escucharlas y si es posible, vivirlas.

Leyendas de meigas en A Coruña

Una de las más conocidas leyendas de A Coruña es la del Río de Esquecemento o río del Olvido, que según cuentan los habitantes más mayores de la zona, todo aquel que lo cruzaba perdía todos los recuerdos que tuviera.

 

La fiesta del Olvido conmemora la actuación de uno de los centuriones romanos, que al llegar a esta región y encontrarse con que sus soldados no se atrevían a cruzar el río, lo hizo él mismo para llegar a la otra orilla mientras nombraba a cada uno de los integrantes de su tropa y demostrarles así que todo se trataba de una leyenda.

 

En la Costa de la Muerte,  cuentan las leyendas de A Coruña que se aparecían criaturas que utilizaban sus cuerpos y sus hermosos cantos para atraer a todos aquellos que caminaban por la soledad del monte antes del amanecer para hacerlos entrar en sus cuevas y aprovecharse de ellos sexualmente, antes de quemarlos vivos en uno de sus rituales.

Supersticiones y tradiciones en A Coruña

Cada 23 de junio se encienden hogueras en toda España para intentar auyentar a las meigas gallegas. Ya sea en el monte, en barcas surcando el mar, en ríos o en cuevas, toda Galicia enciende un fuego para gritar "bruxas fora" y alejar todos los males mientras se baila, se come y se bebe.

 

Una de las leyendas gallegas más extendidas por toda esta tierra es la de la Santa Compaña, donde se supone que en los días de fuertes tormentas, salen llamaradas de fuego de las tumbas de los cementerios.

 

Por suerte o por desgracia, esta es una de las leyendas que cuentan con una coherente explicación científica ya que los cadáveres al descomponerse, producen gases como el metano y el fósforo que, al contactar con el aire cargado de electricidad propio de las tormentas, llegan a inflamarse espontáneamente.