Orient Express: un viaje a través del lujo y la decadencia

El esplendor del Orient Express, el tren más lujoso y romántico que se ha conocido, fue debilitándose, poco a poco, con la llegada del progreso y la modernidad al sector del turismo.

El Orient Express era un tren lleno de encanto, romanticismo y exclusividad, donde la aristocracia europea y los miembros de la burguesía cenaban en el restaurante a la luz de las velas y dormían en camas con sábanas de seda, mientras el tren iba atravesando diferentes ciudades europeas.

La época de lujo del Orient Express

Su inauguración, en 1883, tuvo lugar cuando, desde la estación de París, partió en dirección hacia Constantinopla, aunque esta ruta no llegó a la misma ciudad hasta 1889. No era un tren muy largo, pues estaba formado por dos vagones para los viajeros, un vagón donde se hallaba el restaurante y otro para los equipajes pesados de los pasajeros.

 

 

En sus vagones todo era calidad y lujo: sus paredes estaban forradas de maderas nobles, las tapicerías eran de piel con decoraciones de oro, las sábanas de seda, los baños de mármol y con agua caliente, los suelos estaban cubiertos de alfombras, las lámparas eran de gas, tenían calefacción central y en el restaurante se cenaba a la luz de las velas con cubertería de plata y carta de vinos.

 

 

Debido a este auge, rápidamente se crearon otras líneas que enlazaban ciudades europeas, como la que realizaba el Simplón-Orient, que enlazaba París con Venecia a través de Lausana y Milán. Pero no todo fueron alegrías en estos trayectos, ya que el Orient Express fue saqueado en 1891, en 1892 sufrió un brote de cólera durante el viaje y en 1929 destrozaron los raíles por donde debía circular el tren.

 

La decadencia del Orient Express

La decadencia del Orient Express comenzó a raíz de la II Guerra Mundial, cuando las líneas ferroviarias y los trenes fueron bombardeados causando daños irreparables. Ya en la época de los 70, debido a la proliferación de las compañías aéreas y la mejora de las carreteras, comenzaron a producirse recortes que aceleraron su agonía. Actualmente se realizan algunos trayectos más cortos recreando, eso sí, el ambiente de aquellos años.

 

 

Todo el glamour que rodeó a este tren fue suficiente para que escritores y cineastas lo incluyeran en sus producciones. La obra más universal fue la de Ágata Christie con la novela “Asesinato en el Orient Express” e, incluso, personajes de cine deambularon por sus vagones como Hércules Poirot o James Bond.