Primeros pasos para llegar a ser una monja convencida

Para ser una monja se necesita tener un profundo espíritu religioso, una gran vocación de ayudar a los demás y un claro conocimiento de todo lo que ello implica

La base fundamental a la hora de decidir ser una monja es tener una verdadera fe en Dios y en la Iglesia. Este convencimiento debe ser tan profundo que el hecho de renunciar a llevar una vida como el resto de la gente o a formar una familia no suponga ningún inconveniente para las mujeres que decidan ingresar en un convento. Solamente la fe permitirá a las futuras monjas asumir su papel y todo lo que ello conlleva: el respeto de los votos de castidad y pobreza, la asunción de las normas del convento, la obediencia y la entrega. Entregar nuestra vida al servicio de Dios y la Iglesia es algo que solo puede hacerse desde el pleno convencimiento de los valores religiosos.

¿Por dónde empezar?
Si has decido que quieres ser una monja pero no sabes los pasos a seguir, lo primero que puedes hacer es dirigirte a la parroquia más cercana de tu casa, o a la que vayas habitualmente a celebrar la misa, y plantearle tus pretensiones al párroco. El te informará sobre las distintas órdenes religiosas a las que puedes acudir, dónde se encuentran y cuáles son las principales actividades y funciones de cada una.

Una vez que hayas elegido en qué orden ingresar, puedes dirigirte directamente al convento. Allí te recibirán y te proporcionarán más información. Al principio ingresarás al convento como novicia. Durante este tiempo, recibirás toda la formación necesaria para ser monja. Esta formación será de tipo religioso, de organización y funciones del clero, de la Iglesia, etc. También puedes adquirir formación adicional relacionada con las tareas que vayas a desempeñar cuando pases a ser una monja.

Los distintos tipos de actividades
No todas las órdenes religiosas realizan las mismas funciones y, dentro de una misma orden, cada monja puede realizar tareas distintas. En función de tu edad y tu formación podrán asignarte a uno u otro cometido.

Dentro de las actividades que desempeñan las monjas hay que distinguir entre las que se desarrollan propiamente dentro de un convento (oración, limpieza y conservación del convento, acogida de personas necesitadas, elaboración de pasteles y artículos diversos, entre otros) y las que se desarrollan fuera de él, como los trabajos en escuelas, hospitales y centros de acogida. También son frecuentes las actividades en países del tercer mundo, ayudando a la gente más necesitada. Como se puede ver, ser una monja no implica necesariamente llevar una vida contemplativa.

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