Qué hacer cuando se obtienen malos valores hepáticos

Algunos consejos para ayudar a recuperarse de los malos valores hepáticos

Una analítica puede arrojarnos malos valores hepáticos, aunque nosotros no notemos su mal funcionamiento. Tenga en cuenta que estos datos pueden ser los síntomas previos para descubrir alguna enfermedad grave como la hepatitis o la cirrosis. Sigua pormenorizadamente las pautas que a partir de ese momento le dicte su médico. No siga consejos sin haberse puesto antes en manos de un especialista. Es lo primero que tiene que hacer.

Posibles causas de los malos valores hepáticos
El hígado es un órgano fundamental. Entre otras funciones, se encarga de sintetizar las proteínas plasmáticas, de almacenar las vitaminas y el glucógeno, además de segregar la bilis o de funciones de desintoxicación. Unos malos hábitos de vida, asociados a una pésima dieta, la vida sedentaria y la adicción a sustancias como la nicotina o el alcohol, repercuten muy directamente en el mal funcionamiento del hígado y en los resultados de nuestros malos valores hepáticos.

Consejos para ayudar acabar con nuestros malos valores hepáticos
Una vez descartada la posibilidad de una enfermedad concreta y tras acudir al médico, nosotros podemos ayudar a que nuestro órgano vaya recuperándose paulatinamente. Al hábito de incluir en nuestro ritmo de vida un poco de ejercicio moderado, hay que prestar especial atención a una dieta sana y equilibrada.

Al principio, hay que tener en cuenta que nuestro hígado va a necesitar alimentos ricos en antioxidantes y fotoquímicos, por lo que será conveniente que incremente la cantidad de frutas y vegetales frescos en su dieta, con especial atención a las zanahorias, ajos, tomates, brócoli, remolachas, melones y pimientos.

Una vez logrado el restablecimiento de nuestros malos valores hepáticos no hay que olvidar que hay que mantener para siempre la atención en una dieta saludable. Siga comiendo equilibradamente, sin olvidar en su mesa ingredientes como la alcachofa (que estimula la secreción biliar), el limón (que es un desintoxicante natural), el germen de trigo (que contiene muchos ácidos grasos esenciales) o la soja (cuya lecitina ayuda a conservar las células de las paredes del hígado). Generalmente, los alimentos de sabor amargo suelen tener propiedades beneficiosas para nuestro hígado.