Ruta nocturna por la Córdoba mágica

Calles estrechas, plazas y jardines que invitan al recogimiento, monumentos de diferentes culturas conviven en una Córdoba mística, llena de culto y silencio.

Pasear por el casco antiguo de Córdoba es trasladarse a otros tiempos donde la arquitectura popular dejó reflejada para siempre un modo de vida dedicado al trabajo y al culto religioso.

El barrio judío de Córdoba

La Puerta de Almodóvar invita a entrar en la judería, un barrio atrayente y tranquilo. Por la estrecha calle de los Judíos hay que pasar en silencio e imaginarse el trasiego de gentes y animales de aquella época.

 

Detrás de un portalón se encuentra la única Sinagoga de Córdoba. Resulta emocionante entrar en ella y conocer su historia. Muchos judíos han llorado y orado cobijados en estas paredes.

 

A la salida de la Sinagoga, un estremecedor callejón lleva al Zoco, el mercado de antaño donde los artesanos vendían los productos que elaboraban ellos mismos. Si se escucha con imaginación se pueden oír los regateos de los judíos y los cristianos por los productos en venta.

 

Retrocediendo de nuevo a la calle de los Judíos, se llega a la pequeña Plaza de Maimónides, un famoso pensador judío. Su imagen en el centro domina este sugerente lugar donde, a veces, algunos músicos cordobeses acuden a interpretar sus melodías.

 

Desde la misma Plaza de Maimónides, si se toma la calle Tomás Conde, se pasará por la casa natal del famoso poeta Luis de Góngora y se llegará a otra bella plaza que es la de Judá Leví, un gran poeta y filósofo judío.

Dos Plazas de Córdoba en el centro urbano

Desde la Ronda de los Tejares y entrando por la Puerta de Osario se llega, por una estrecha calle, a la Plaza de Las Doblas. Bello entorno con un poblado jardín y con unos bancos de granito que invitan a descansar mientras, a la luz de los faroles, se escucha el rumor del agua de su fuente.

 

Desde aquí se llega a la plaza más bonita de Córdoba, la Plaza de Los Capuchinos. El silencio y la soledad de muchos cordobeses cuando la visitan están presididos por el Cristo de la Misericordia, popularmente llamado Cristo de los Faroles. Entre rejas y alumbrado por ocho fanales, su imagen invoca misticismo y sobrecogimiento, sobre todo durante las oscuras noches de Córdoba.