Ser o no ser una buena chica ya no es una duda existencial

Las mujeres ya no necesitan elegir entre ser o no ser una buena chica para triunfar en su vida personal y profesional.

Los arquetipos sobre personalidad y comportamiento de la mujer han cambiado enormemente a lo largo de los siglos. El eterno dilema entre ser o no ser una buena chica se ha basado desde la Antigüedad en el encorsetamiento dentro de los valores de virginidad, sumisión y docilidad. Las mujeres que han intentado romper con esos esquemas han debido cargar, injustamente, con la etiqueta de "malas mujeres". 

 

Una evolución progresiva
Lentamente la mujer ha ido apartándose de los dos roles donde se la clasificaba: la madre y esposa, o la amante y objeto de deseo. Actualmente las mujeres toman las riendas de su propia vida. La decisión de ser o no ser una buena chica ya no es una elección excluyente, hoy en día la mujer es capaz de escoger su papel entre ángel o demonio, e ir alternándolos según requiera la situación.

La importancia de unir ambos roles
Todavía existen hombres empeñados en demonizar la nueva situación de la mujer, al igual que mujeres que terminan denigrándose a sí mismas con una actitud banal. Sin embargo la mayoría de las mujeres sabe en qué momento tiene que dejar ver cada faceta: la buena chica es la imagen más social, que mantiene una actitud respetuosa y simpática, y la no tan buena es aquella que se muestra rebelde e independiente, dejando claro que es capaz de apañárselas sola. 

No es bueno tampoco abusar de ninguno de estos dos papeles, puesto que ambos existen dentro de toda mujer, y no son incompatibles el uno con el otro. Escoger entre ser o no ser una buena chica implica recaer en el tópico, y mostrar una imagen que no es la auténtica: quizás es demasiado afable, hasta caer en lo frívolo o quizás demasiado fuerte, hasta resultar agresiva. Es necesario pues, que la mujer conozca a sí misma, esté segura de quién es para así poder proyectar esa imagen a los demás.