Tipos básicos de depósitos bancarios y su funcionamiento

Los depósitos a la vista y los depósitos a plazo, son las dos categorías principales de depósitos bancarios vigentes en la actualidad, que han visto modificadas sus características con la llegada de las nuevas tecnologías.

Aunque los dos tipos de depósitos bancarios se han mantenido en esencia iguales durante mucho tiempo, las nuevas tecnologías han incorporado modificaciones operativas importantes, que es necesario conocer para escoger el que mejor convenga.

Depósitos a la vista

Son aquellos que pueden ser retirados por el cliente en cualquier momento, en las oficinas del banco o a través de transferencias por Internet. Hay dos tipos de depósitos bancarios a la vista: la cuenta corriente y la cuenta de ahorros. La primera se caracteriza porque puede ser movilizada mediante la emisión de cheques, mientras que la segunda solo puede hacerlo mediante la presentación de la libreta en las oficinas del banco.

 

No obstante, con la aparición de los cajeros automáticos y de las operaciones por Internet, esta diferencia ha desaparecido. De hecho, la utilización de cheques ha disminuido considerablemente. Otra característica era que la cuenta corriente admitía los sobregiros, pero actualmente esto también es posible en el caso de las cuentas de ahorro.

 

Lo usual es que ninguna pague intereses por los depósitos, aunque los bancos ofrezcan ciertos beneficios, como devolución de un pequeño porcentaje de los recibos domiciliados, por ejemplo. Lo que sí hay que tener presente es que cargan comisiones de mantenimiento y por la realización de algunas operaciones, como transferencias nacionales o internacionales.

Depósitos a plazo

Como indica su nombre, estos depósitos bancarios se hacen por un lapso de tiempo determinado, durante el cual el cliente no puede retirar los fondos. A cambio, recibe de la institución financiera un interés calculado en forma de tasa fija o variable, que se paga mensualmente o al final del contrato, dependiendo de cada contratación.

 

Pese a que este ingreso debería mantenerse durante un periodo fijo, su cancelación anticipada es usualmente posible, en cuyo caso la entidad crediticia carga una penalización, casi siempre igual al monto de los intereses que se hubiesen generado; es decir, en este caso, los depósitos bancarios a plazo se convierten en un depósito a la vista.