Trámites a seguir para cambiar de banco

Al contrario de lo que se piensa, cambiar de banco no es tan difícil, los trámites que hay que realizar son bastante sencillos y puede ser muy beneficioso.

Los motivos por los que un cliente decide cambiar de banco dejando el de toda la vida por otra entidad, pueden ser muy variados: el descontento por el trato recibido por parte de los empleados, una mejora en las condiciones de la hipoteca o el cobro abusivo de comisiones. En cualquier caso, siempre hay que valorar muy bien los pros y los contras antes de dar este paso.

El primer paso: cambiar la cuenta corriente

Normalmente el traslado de una cuenta a otra entidad financiera no supone ningún coste y es una operación bastante sencilla. Es suficiente dirigirse al nuevo banco para abrir la cuenta, que se encargará de realizar todas las gestiones.

 

Al cambiar de banco podemos aprovechar para sacar mayor rentabilidad a nuestros ahorros, traspasando nuestro dinero a una entidad que nos ofrezca un mejor tipo de interés. Actualmente en Internet hay ofertas muy atractivas en este sentido, que además nos permiten ahorrarnos muchas de las comisiones con las que nos carga la banca tradicional.

El segundo paso: cambiar todas las domiciliaciones

Hay que empezar primero por la nómina, informando a la empresa el traslado de banco. Después se debe de comunicar a las compañías de la luz, agua, teléfono e Internet el nuevo número de cuenta. A veces estas gestiones se puedan hacer por teléfono o incluso se puede encargar nuestra nueva entidad financiera (entregándoles una copia del último recibo).

Otros consejos

En el momento de cambiar de banco, hay que cancelar las viejas tarjetas, pero antes compruebe que las nuevas ya están activas. Para liquidar las antiguas debe ir personalmente a su anterior banco y cancelar todos los gastos pendientes. Solicite también que se le reembolse la parte proporcional de la cuota anual.

 

Por último, recuerde que es conveniente mantener durante un tiempo abierta la cuenta antigua para comprobar que no llega ningún cargo. Aunque ya no se tenga dinero en una cuenta conviene cerrarla, porque mientras esté abierta va a estar generando unos gastos que nos dejarán en deuda con el banco.