Trucos para padres: cómo lidiar con las peleas de hermanos

Las peleas de hermanos son conductas naturales en los niños, de las que los padres pueden incluso aprender si saben enfrentarse a ellas correctamente.

La relación entre los hermanos es un punto clave en el desarrollo del futuro adulto. En toda relación se producen muestras de afecto y disputas; mientras no haya casos extremos (en los que sería necesaria la ayuda de un profesional) las peleas de hermanos son consideradas necesarias para desenvolverse en relaciones interpersonales posteriores. Los padres pueden orientar a sus hijos a seguir la conducta correcta.

Los padres, ejemplo a seguir
La educación de los niños tiene su núcleo en la familia, es por ello que los padres deben ser los primeros en comprender que los hermanos serán amigos y compañeros de diversiones pero también rivales.

También deben entender que son el primer ejemplo de conducta para los niños; su reacción ante las peleas de hermanos y sus propias disputas de adultos marcarán esa conducta, si unos padres se muestran descontrolados no podrán pedir un mayor control a sus hijos. 

No es fácil, tras una cansada jornada de trabajo, armarse de paciencia y esperar que los hermanos resuelvan sus diferencias por sí solos. Sin embargo, lo adecuado es darles tiempo para que busquen una solución y sólo tomar parte cuando no lo consigan.

Cómo lidiar con las peleas
En las típicas peleas de hermanos, como la lucha por un juguete, es esencial no demostrar favoritismo. Tomar partido por uno u otro sólo hará que nazca un problema mayor: el de ganar el apoyo de los padres. Suele ser natural posicionarse por el más pequeño o por el hermano enfermo, pero es un error que puede pasar factura al crear frustración y celos en el niño.

Los psicólogos dan unas pautas a seguir cuando los hermanos no han encontrado la solución al conflicto: en primer lugar, llegar al fondo del problema escuchando las razones de cada hermano. Hay que mantenerse firmes y no dejar que las posibles lágrimas hagan tomar una decisión precipitada.

Una vez conocida la causa de la pelea, buscar posibles soluciones y aplicar la que se considere más conveniente. Si el problema aún persiste, hay que probar pues con otra de las soluciones. Si ha sido resuelto hay que dar algún tipo de recompensa para que los niños refuercen ese comportamiento.

No hay que asustarse ante las peleas de hermanos. El enfado y la frustración son emociones que forman parte del ser humano como lo son la alegría y el amor.
El adulto también puede aprender normas de conducta que serán muy positivas para sus propias relaciones. Aprender a dialogar, a tolerar o a controlar su rabia no es sólo una tarea para los más pequeños.